Radicalismo Pop (o una diatriba sin sentido)


Hace un par de meses, durante el periodo electoral, en ese momento en que si bien los resultados ya se perfilaban aún había espacio para soñar con un resultado distinto, asistí a una borrachera reunión con otros egresados de la Heroica Facultad de Ciencias Políticas. En la vorágine de pendejadas opiniones que se vertieron se me ocurrió decir algo así como que AMLO vendía un radicalismo pop y obviamente la burla y los comentarios no se hicieron esperar, aunque también hubo algunas opiniones bien intencionadas, como que debía trabajar el concepto y vivir de eso. Esa opinión fue expresada por un nuevo amigo que no sabe de mis depresiones y continuos cambios de humor (además de serios problemas de autoestima y mi melancolía paralizante) que hacen imposible un proyecto de ese tipo. Sin embargo ese no es el punto. El punto es que intenté defender y definir el concepto, pues si bien fue una idea a bote pronto (que no descarto haber leído en algún otro lado) tiene, cuando menos en mi mente, su origen en el libro de Punks de Boutique. Confesiones de un joven a contracorriente  de Camille de Toledo, y no hay porque negarlo, en las ideas de Bauman (aunque después de tres libros líquidos perdí el interés) y de El club de la pelea (libro y película).
A grandes rasgos, Punks de Boutique narra la historia de un niño rico que decide revelarse contra todo. El libro también es una explicación deprimente y aplastante de como el capitalismo es capaz de absorber y vender todo lo que se encuentra a su paso, incluso aquellas ideas, movilizaciones y tendencias que pretenden ser sus opuestos. Lo que recuerdo de las ideas líquidas de Bauman, o en todo caso lo que me llamó más la atención y lo que creo que entendí, es que, ante las rupturas de las promesas de las generaciones anteriores y las pobres promesas de las generaciones a las que les están tocando sufrir este capitalismo tardío, lo que se ofrece (y lo que queda) es invertir en uno mismo, en la imagen, en la presentación y en los likes; y El Club de la Pelea es un muy ingenioso, interesante y triste resumen de todo eso que si bien puede leerse desde una crítica a la masculinidad tóxica y/o a la lógica de consumo, también puede leerse (aunque sea en meta texto) como crítica y prueba de que la radicalidad ya no existe, de que los discursos de ruptura pueden comprarse, convertirse en novelas y películas de éxito, alimentar las fantasías de las personas que nos pudrimos cumpliendo los roles nimios que la sociedad posmoderna demanda de nosotros, dándonos una fuga, un escape que nos permita regresar día a día a los salones de clase, a las fábricas y a las oficinas.
De ahí nace la piojosa idea del radicalismo pop y el intento de usarlo para explicar (aunque sea parcialmente el fenómeno AMLO/Morena). Claro está que como todos los fenómenos políticos y sociales, una explicación única deja muchas cosas fuera, pero escribo esto para mí, para ejercitar mi mente y para ese lector fantasma que si algún día se aparece espero no sea muy cruel con su crítica.
Ahora, aún con un ejercicio tan pobre como este es necesario aclarar ciertas cosas. México no es un país pasivo, tampoco es un país proactivo, es un país reactivo, que explota, en ocasiones de manera violenta e incontrolable, en otras de forma maravillosa. No tiene caso remontarnos demasiado en la historia, ni decir que nos pasamos la mayor parte del siglo XIX en guerra con nosotros mismos (somos un país con muchos problemas emocionales) o con quien se animara a acercarse lo suficiente (en esos casos generalmente nos fue mal).
Para esto y de manera somera el 68 es un buen punto de arranque pues fue una ruptura clara con el sistema político y demostró sus límites y limitaciones, entre ellas las más importantes (al menos para mí) su incapacidad de dialogar y de autoreflexión. Estas incapacidades dieron como resultado el 2 de octubre, que no se olvida (pero que yo insisto) tampoco se recuerda a cabalidad… en todo caso, las marchas y los slogans sobrevivieron y se convirtieron en una mancha indeleble en el gobierno, en un trauma histórico y de algún modo en un límite a la violencia ejercida por el Estado. Al 68 le siguió el 71 y al 71 el 85 en que la sociedad despertó y se desbordó y de ahí el 88 en que se aspiró a un cambio de régimen que no se cumplió, y de ahí los zapatistas en el 94 (que nos recordaron que los indígenas existían y que les iba peor que a nosotros) y de ahí hubo movilizaciones grandes y pequeñas que no recuerdo que capturaran de manera fuerte, contundente y masiva el imaginario popular hasta el 2012 y más de 131 o  o Yo soy 132 (me estoy brincando el fenómeno AMLO). Me parece que, de los movimientos y movilizaciones antes mencionados ninguno (con la excepción del EZLN) eran realmente antisistémicos, recuerdo leer la frustración de los estudiantes con intelectuales como Revueltas que tomaban la tribuna y les querían dar clases de historia, izquierda, marxismo, anarquismo y anexas… lo que es más, aún si el EZLN se había presentado y se entendía como un movimiento de ruptura y de oposición al sistema, creo que es justo pensar que los millones de mexicanos que los abrazaron y los impulsaron no les veían realmente así. Y sí, sé que me estoy brincando muchas cosas, movimientos guerrilleros y a grandes luchadores sociales, pero la triste realidad (siempre desde mi perspectiva) es que estos sirvieron más para alimentar el imaginario popular que para generar cambios importantes (siempre son bienvenidas las correcciones). Pero regresando al tema, me parece que Yo soy 132 es una orgullosa continuación de estas movilizaciones, comparte con el CNH que surge de donde menos se espera, de la clase media privilegiada, en su momento de los estudiantes universitarios del IPN y la UNAM (aunque después se extiende) y en las elecciones del 2012 de los niños de la Ibero, uno de los reductos de la clase media y media alta (aunque después se extiende). Claro que las similitudes terminan ahí, 132 se extiende y se desvanece, si bien deja a un montón de jóvenes deseosos de cambio y de participación… lo que sólo se hace más fuerte después de otros seis años de promesas incumplidas, verdades a medias, realidades veladas y una realidad que se niega a ajustarse a las promesas que se les (nos) hicieron y a las declamaciones y reclamaciones del ejecutivo federal, sus flamantes secretarios y decenas y decenas de autoridades menores. 
Ahora intentemos regresar al radicalismo Pop. Yo soy 132 nace de un video realizado por chicos de la universidad antes mencionada, sirve como reclamo, crítica y grito de guerra, se apodera de la imaginación de los jóvenes (no todos, pero si muchos) en especial de los que están en la prepa y en la universidad y como ya dije antes, se extiende hasta abarcarlo todo, libertad de expresión, derechos indígenas, derecho a la educación, derechos de minorías y un largo etcétera, sugiere una ruptura, promete un cambio, sin tener que comprometer nada realmente necesario para lograrlo… pero es llamativo, tiene ritmo y es comercializable aunque nadie está seguro de cómo hacerlo, de cómo sacarle provecho, Sin Filtro, programa de televisa surgido al vapor en esa coyuntura, resulta ser una mala broma, las participaciones de los representantes o líderes resultan ser anticlimáticas, dejan a los líderes desnudos pues les faltan tablas y colmillos (y ya siendo animalísticos, también garras) y el movimiento se difumina como Peter Parker en Infinity Wars, desaparece dejando a las juventudes en el silencio y el desconcierto y a los más viejos con un extraño brillo en los ojos, mitad tristeza por otra oportunidad perdida, mitad alivió porque estos jóvenes no lograron lo que ellos tampoco lograron, y con la palabra en la boca, apenas susurrada. Ese “se los dije” que los que ya rayábamos los 30 en esa época no dijimos pero pensamos se movió durante seis años, en los padres y otros deudos de Ayotzinapa, en las marchas y declamaciones de Sicilia, siempre más bonitas que prácticas y siempre más estéticas que pegadizas, en las movilizaciones de la CNTE en Oaxaca y en la violencia del gobierno que nos recuerda el 68 y otros momentos sin que en realidad sean comparables o compatibles.
Y en el trasfondo encontramos a Andrés Manuel, preparándose para su tercer intento, aprendiendo de las derrotas anteriores y de la historia de México de la que se declara fanático lector y analista. Aprende que si no puedes doblegar un partido puedes crear otro y usa sus artes para llamarlo MORENA, que hace una referencia velada o no tanto a la virgen de Guadalupe (la virgen morena) madre de todos los mexicanos… pero MORENA es también el Movimiento de Regeneración Nacional y Regeneración fue el panfleto de los Flores Magón muy interesantes personajes de la revolución, periodo histórico que mejor recordamos los mexicanos y el nombre de uno de los panfletos de Obrador y MORENA y los sincretismos políticos que hace son llamativos aunque no se entienda la simbología que manejan. Su discurso es menos drástico que en ocasiones anteriores, se vuelve difícil llamarlo radical. Su equipo es el más amplio y diverso que haya tenido. Sí, es una mescolanza extraña y ridícula de actores y fuerzas políticas, pero todos estos actores dispares, algunos enemigos acérrimos de AMLO saben que decir, saben vender, desde Tatiana Clouthier que maneja los medios como millenial y que sabe hablarle a este grupo, hasta gente como Espino que se vuelve un giño al tradicionalismo mexicano, o los locos del PES que se oponen a cualquier agenda progresista y representan a un buen número de cristianos evangélicos y sus agendas, pero que saben quedarse callados… porque lo que AMLO vende es el cambio... ¿Cuál? En realidad no importa, ese no es el tema, lo que importa es el cambio… ¿Pero Cuál?... eso no es importante lo que importa es que va a gobernar para todos…O.K. ¿Pero cómo?.... eso no importa peleando contra la corrupción PELEANDO CONTRA LA CORRUPCIÓN PELEANDO CONTRA LA CORRUPCIÓN… muy bien ¿Pero cómo?... eso es lo de menos. Y en verdad es lo de menos, de Fox a Peña la corrupción se hizo tan común y tan cínica que como bandera política es suficiente, a eso sólo hay que agregar algunas reivindicaciones históricas, nunca muy claras, manteniendo un rango de ambigüedad suficiente para moverse, desdecirse y/o cambiar de opinión.
Pero…¿En dónde está el Radicalismo pop o de otro tipo? El real en ningún lado, López Obrador no es realmente antisistémico, nunca lo ha sido, ni cuando le prendía fuego a los pozos petroleros, lo que quería en ese entonces era entrar al sistema y si se terciaba cambiarlo y si no se podía pues no. El Radicalismo Pop está en cómo se vende la idea, y de manera más importante, en como la compran. AMLO, como todo en este mundo globalizado y neoliberal, es una marca, una marca de esperanza ambigua, de cambio y continuidad, de un hermoso futuro y de una reivindicación del pasado (el México del desarrollo estabilizador), de juarizmo guadalupano, de democracia (tal vez) pero muy, muy centralizada… lo que es una premisa agridulce porque la teoría dice que lo mejor es la descentralización pero este país sólo ha funcionado bien cuando la centralización es más fuerte… ¿Y qué es para la gente? Excelente pregunta que no tiene ni acepta una sola respuesta ¿Qué es Coca-Cola para la gente, qué es un Ferrari o un Atos? AMLO es la esperanza de cambio real para muchos que lo siguen con un fervor casi religioso y a quienes les cuesta reconocer al político pragmático (que siempre ha sido), para otros era la opción menos mala de las que se presentaron en estas elecciones, para muchos otros era una opción mala, pero la única que se podía tomar de manera seria, para otros es un socialista, para otros un bolivariano, para otro porcentaje es un corrupto, un ladrón, un hipócrita y todas esas versiones conviven… en un cierto nivel, como los niños líquidos de Bauman, lo que importa es la atención, como las estrellas, ninguna publicidad es mala publicidad… en eso es diferente a las marcas pues no necesita ser todo para todos, ni algo para todos, Obrador funciona (o funcionó) con nichos de mercado, nichos que si bien amplios se habían mantenido específicos, hasta estas elecciones (los grandes acontecimientos siempre dependen de coyunturas específicas y la grandeza política es coyuntural y temporal). La idea muy ambigua de ruptura y de cambio que vendió tenía suficientes versiones de compra: un verdadero cambio radical, un cambio estético, un cambio nominal, continuidad disfrazada, para que muchos grupos muy diversos pudieran comprarlo…
Y me doy cuenta de dos cosas, convertí esto en una diatriba y no explique nada, pero no me importa, hace tiempo que no escribía así y me gustó tanto que así lo voy a subir estimado lector fantasma.

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