John Wick y el peso de la investidura
Hay
algo frustrante en ser un escritor frustrado, volver a escribir y al sexto
intento chocar con la pared del bloqueo, que también puede ser falta de talento
(pero no trataremos ese tema aquí). Pero, con mis treinta y muchos años y
cuando menos la mitad intentando escribir se aprenden trucos y en este caso, en
la medida en que no sé por dónde empezar, empezaré por el final (in extrema res, que por cierto es lo
único que aprendí de mis clases de literatura).
En
esta ocasión, estimado lector fantasma, hablaremos sobre John Wick y su secuela (porque estamos empezando por el final). Y
si John Wick es una obra maestra, John Wick 2 (2017) es un trabajo
presentable y entretenido que comete el error y el pecado de cumplir con la
necedad administrativa (y económica) de ser más y más que la primera en
términos de explosiones y muertes. Este pecado de hibris transforma un mundo subterráneo
y subversivo, de sombras y acuerdos secretos, contenido (pero expandible), en
un universo expandido (demasiado expandido), sofocante en su tamaño y en el
peso que implica para la narración, adulterado en relación con el original,
corrompido por la necesidad.
Sin
embargo, además de ser entretenida, la secuela mantiene y trabaja, la cualidad
principal de Wick y la que se ve en pleno un poco antes del final, cuando mata
enfrente de su mentor (Winston/Ian McShane) y en terreno consagrado (un hotel para asesinos
en que está prohibido “trabajar” propiedad de Winston) al villano de la
película (Santino/Riccardo Scamarcio), a su némesis y contraparte (en más de
una forma), un gánster que le ayudó a completar el trabajo hercúleo que le
permitió salirse del mundo del crimen y que en la secuela se lo cobra a lo
chino, pidiéndole que mate a la hermana con la idea de que muera en el intento
y así el quedarse con el poder y las manos limpias (que no la conciencia). Esto,
obviamente, ocurre después de que se despacha a un sinnúmero de súper asesinos
profesionales (son tantos que el oficio no debería ser redituable). Esta
escena, que sella el destino de Wick y que está increíblemente actuada por los
tres personajes involucrados (Reeves, McShane y Scamarcio) los presenta desnudos
y completos en sus personalidades, Santino arrogante (e incompetente) deseoso
de que su posición política y geográfica lo protegen, Winston como guardián del
orden y de las formas, él es la autoridad institucional y su hotel es el
santuario que nadie se atreve a mancillar y John Wick… es John Wick, es una
fuerza de la naturaleza, es un acto imparable y eso, ser John Wick, pesa más
que cualquier otra cosa, pesa más que las instituciones que conoce y (a grandes
rasgos) respeta, pesa más que el aprecio (que raya en el amor de padre a hijo y
de hijo a padre) que se tiene con Winston, pesa más que la vida que está
echando a perder. Y aunque la primera vez que se ve la película hay sorpresa,
lo cierto es que es la única acción posible para ese personaje, porque ya lo
vimos en la película anterior, porque es John Wick y las cuatro personas
presentes en ese cuarto (hay una bartender de la que desconozco su nombre)
saben eso y lo juzgan a razón de eso…Cuando Winston dice What have you done? carece
de emoción (y McShane es un gran actor y el afecto entre ambos ha quedado
demostrado en otras escenas), porque sabe que ha hecho y sabe por qué… Y cuando
Wick deja el hotel, ligeramente encorvado y agotado, el peso y el agotamiento
no es por la nueva tarea hercúlea que se ha autoimpuesto, es por ser quien es y
por representar lo que representa…
John
Wick es el baba Yaga (BABA YAGA).
Uno
de mis autores favoritos es George Orwell y una de mis lecturas favoritas es Matar a un Elefante, como ocurre con sus
ensayos, hay diferentes acomodos de estos y diferentes versiones impresas (hace
algunos años encontré una página con casi todos sus escritos en inglés, pero le
he perdido la pista) por lo que no puedo ofrecer una edición para su búsqueda o
compra, únicamente puedo recomendar ampliamente su lectura. En este escrito
Orwell narra el evento en que, siendo un policía colonial en Burma, se ve
obligado a matar a un elefante que poco antes había hecho destrozos en la
aldea. La narración de Orwell nos lleva por su proceso mental y emotivo
comenzando por el detalle de que no quiere hacerlo, Orwell es una persona
comprometida pero no violenta, además, cuando llega al encuentro del animal
este ya ha superado su estado de estrés, lo que para él es suficiente, pero
para la gente del pueblo que lo ha seguido no, ellos quieren ver la ejecución,
la necesitan porque el elefante ha destruido sus casas, porque eso les
permitirá tener algún tipo de cierre, pero principalmente porque el policía
imperial no quiere hacerlo y la no acción, viniendo de esa figura que para
ellos no es George Orwell, ni un pobre tipo que está ahí haciendo un trabajo
para salir de la miseria; significa debilidad, debilidad del uniforme,
debilidad de la institución, debilidad del imperio, del que por cierto Orwell
no es fan, pero es su representante y lo sabe, su debilidad tiene lecturas
distintas, grandes como las implicaciones de no cumplir con el cargo que acepto
y que sus colonizados en ese momento le reclaman…Orwell tiene que matar al
elefante y lo hace, el peso de la investidura que es mitad propia y mitad ajena
se impone.
La primera película
de John Wick (2014) es una obra
maestra (y sí, estoy consciente que esto delata mis pobres gustos), es una
reinvención del género de acción que reconoce y retoma la ridiculez inherente
del género (a diferencia de The Equalizer
que se lo toma muy en serio), que modifica y ridiculiza el origen de la
venganza llevándola al absurdo, pues en este caso la persona amada (Bridget
Moynahan) ya está muerta, lo que deja a Wick, retirado, abandonado, desolado,
excepto por un cachorro que su mujer le hace llegar desde la tumba… al que
matan antes de que termine la primera media hora. La muerte de la mascota se
usa de manera más que efectiva para justificar la tonelada de muertes resultado
de este torpe acto realizado por el hijo del antiguo jefe de Wick (Tolef
Tarasov/Alfie Allen), pero sirve de manera perfecta otro fin, el de esconder la
verdadera motivación de Wick, que no es otra que el hecho irrefutable que es
John Wick, el Baba Yaga, el hombre del costar, el coco… lo que queda
perfectamente claro en tres partes de la película: la primera es cuando la
noticia de que el junior del crimen lo ha atacado/ofendido, lo que da pie a un
oh y a una maravillosa y tétrica canción que hace referencia a ese monstruo
fantasmal, escurridizo e imparable, cortesía del jefe de la mafia (Viggo
Tarasov/Michael Nyqvist); la segunda es el primer enfrentamiento frontal entre
Wick y Viggo, en que el padre, que estuvo dispuesto a enfrentarse al Baba Yaga
y a ponerle precio a su cabeza le dice el paradero del hijo y le advierte que
lo están esperando a lo que Wick contesta It
doesn’t matter, lo que es verdad, a John Wick ni se le vence ni se le mata
(y ni muere ni se deja vencer) y la tercera se repite a lo largo de la película
en la pregunta reiterada una y otra vez en diferentes voces, la pregunta es si
ha vuelto, a lo que finalmente responde que lo más probable es que sí. Pero la
verbalización no importa, es un trámite, Wick ha vuelto desde el primer golpe
que recibe, porque es John Wick, pero más importante aún, porque los demás
saben que es John Wick, que es el Baba Yaga y aún si se quisiera detener no
puede hacerlo porque al peso que él pone a ese rol se agrega el que los demás
le ponen, que se podría decir que es incluso mayor y lo imposibilita de dar
marcha atrás o de seguir otro camino.
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